¿De qué?
De qué me sirves si llegará el frío y no estarás a mi lado, ni siquiera cerca. De qué me sirves si no podré llorar ni contigo ni por ti. De qué me sirves, si la herida se abre como un puñal en la espalda porque nunca ha dejado de estar clavada. De qué me sirves, si tengo frío y no vendrás, no te esperaré, y no nos buscaremos. ¿De qué me sirve escribir siempre sumida en la tristeza? ¿De qué me sirve ofrecer manos desnudas, ojos clavados, y sudor frío en la espalda?