Pasajeros
Todos juntos uno a uno sentados van a casa. Lloran, ríen, callan, cantan. Todos ellos uno a uno sentados en el autobús. Clases medias cada día van y vienen para ganarse el pan, las ganas, el vivir y el vino. Junto a ellos, ella busca y entre llanto y llanto, vida y vida, trenza y tren. La noche se vuelve día, quien la frecuenta palidece, no duerme y mira, piensa. Llega al origen y mientras las horas van y vienen, huyen. Por prisa, por miedo, por ambición, aquel día de puro llanto y cansancio se vislumbró la posibilidad más auténtica, audaz y única. Ante ella la ilusión, las ganas, sonrisa y esperanza. Estas se abrieron paso entre pasajeros y, a pesar de seguir con el cinturón puesto, ya nada podía retener las ganas de correr, volar, perderse. Perderse para, de algún modo, encontrarse.