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Mostrando entradas de enero, 2019

Pasajeros

Todos juntos uno a uno sentados van a casa. Lloran, ríen, callan, cantan. Todos ellos uno a uno sentados en el autobús. Clases medias cada día van y vienen para ganarse el pan, las ganas, el vivir y el vino. Junto a ellos, ella busca y entre llanto y llanto, vida y vida, trenza y tren. La noche se vuelve día, quien la frecuenta palidece, no duerme y mira, piensa. Llega al origen y mientras las horas van y vienen, huyen. Por prisa, por miedo, por ambición, aquel día de puro llanto y cansancio se vislumbró la posibilidad más auténtica, audaz y única. Ante ella la ilusión, las ganas, sonrisa y esperanza. Estas se abrieron paso entre pasajeros y, a pesar de seguir con el cinturón puesto, ya nada podía retener las ganas de correr, volar, perderse. Perderse para, de algún modo, encontrarse.

Esto no es una historia

Palabras de quien sufrió una derrota sin lucha, ni batalla, ni combate . Apenas pronunciaba palabra, sus ojos hablaban por los dos. No hubo muestras de cariño, pero hubo besos sabor menta. Sinceridad y calma, ambas fueron suficiente para caer en la certeza de que no buscaba grandes logros, con eso bastaba. La normalidad, la inteligencia, las pausas. A veces no gana quien más dice. A veces, quien ofrece silencios es quien inspira las palabras. Quien calle y dedique tiempo, a no pensar y a estos versos recordará al muchacho que, sin nada, consiguió hacer vibrar las manos, la lengua, los ojos o el vientre, y las ganas. Lo huraño resultó ser reconfortante y se depositó en dos conocidos que, por la brevedad y la desgana (de uno) jamás dejaron de ser extraños. Y así, una vez más, hubo derrota pero no combate, ni víctimas. Una pérdida de algo nimio, sin preguntas y sin lágrimas. Esto no...

Independiente

No supo cómo, nunca lo sabía. Sabía cuál quería que fuese el destino siempre soñado, en toda ocasión defendido. Sin embargo no sabía cómo alcanzarlo, tampoco no si era correcto. No se palpaba y seguía lejos... sin tocarlo. Luchaba por una independencia huraña, incomprensible, tranquila y apabullante. Su mayor deseo el salir de la madriguera y no sentir las ataduras. ¿Lo conseguiría? ¿Estaría desaprovechando el tiempo? ¿Acaso el esfuerzo merecería la pena? Esperaba que todo siguiese su curso con o sin acompañante o compañero, pero siempre con los que compartir el llanto, la risa, la calma, el éxito... Y el olvido.