Esto no es una historia
Palabras de quien sufrió una derrota
sin lucha, ni batalla, ni combate.
Apenas pronunciaba palabra,
sus ojos hablaban por los dos.
No hubo muestras de cariño,
pero hubo besos sabor menta.
Sinceridad y calma, ambas fueron
suficiente para caer en la certeza
de que no buscaba grandes logros,
con eso bastaba.
La normalidad, la inteligencia, las pausas.
A veces no gana quien más dice.
A veces, quien ofrece silencios
es quien inspira las palabras.
Quien calle y dedique tiempo,
a no pensar y a estos versos
recordará al muchacho que, sin nada,
consiguió hacer vibrar las manos,
la lengua, los ojos o el vientre,
y las ganas.
Lo huraño resultó ser reconfortante
y se depositó en dos conocidos que,
por la brevedad y la desgana (de uno)
jamás dejaron de ser extraños.
Y así, una vez más, hubo derrota
pero no combate, ni víctimas.
Una pérdida de algo nimio,
sin preguntas y sin lágrimas.
Esto no es una historia
porque no hubo final,
ni principio
ni nada.
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