1 de Enero.
Te despiertas y no sientes ningún cambio, aunque todos los medios de comunicación afirmen que son tiempos de dichos cambios y de hacerse propósitos. Te has levantado tras diez minutos dando vueltas por la cama, y comienzan a llegar imágenes borrosas de la noche anterior a tu mente. Fue una buena noche: bailaste y reíste todo el rato, no hubo ningún problema. Para concretar que ayer lo pasaste bien, el dolor de cabeza que tienes presente te ayuda a confirmarlo. Te has levantado, ¡por fin! Tu madre comienza a avisarte de que tenéis un poco de prisa: debes vestirte y hacer la cama lo antes posible. Un poco después tu madre va un momento al supermercado, es el momento perfecto de tomarse una pastilla contra el dolor de cabeza y que no sospeche. ¿ Por qué tienes que arreglarte rápidamente? Porque vas a visitar a tu tía y debéis salir de casa a las dos del mediodía. Tras otros pocos minutos perdidos ya te has vestido y hecho la cama, aunque hayas terminado la última.
Antes de salir tomaste un plátano pero no ha saciado tu hambre: en el fondo te sientes un tanto culpable por habértelo comido y no haber esperado a la hora de comer. En el coche te encuentras mareada, pero te auto-aconsejas no avisar a nadie de tu dolor de tripa, podría causar sospechas y dar pie a hacer preguntar sobre ayer. Por fin habéis llegado; tras saludarla, tus padres y tu vais directos a la cafetería a comer, ¡por fin! La sopa y el filete te han sentado de maravilla y ya no te duele la tripa, debía de ser hambre (sí, aun más). Cuando has visto a tu tía te sientes un poco mejor a nivel psicológico, al verla te tranquilizas y confirmas las aclaraciones que te habían dado tus padres sobre su mejor estado. Tras comer volveis a su habitación y ella sonríe: nunca ha sido muy cariñosa, pero a la vez entiendes que, simplemente, no está en su naturaleza el dar cariño, y sabes que te quiere porque es de las personas que más se preocupan por ti. Conversáis todos un rato y poco a poco tras encender la tele vas perdiendo el hilo de la conversación.
Observas la habitación y tiene algo que te gusta. Los hospitales suelen ser lugares en los que la gente no desea estar, pero esa habitación te hace sentir en calma. La visita, al no ser debida a su grave estado de salud ya que se encuentra estable no es alarmante. Digamos que el hospital hoy no es un lugar en el que te encuentras incómoda. La decoración es escasa y artificial, pero las franjas de color verde pistacho entonan un poco el ambiente umbrío que suelen tener ese tipo de habitaciones. Miras la tele y ves que la peli que están echando te gusta, y decides seguir viéndola aunque sea un poco difícil escuchar con atención porque los demás siguen hablando. Aun así no les pides que hablen más bajo y aguantas, crees que es de mejor educación. Te sorprende que ese pensamiento salga de ti, normalmente pedirías silencio de mala gana... El sofá está muy bien y comienzas a acomodarte casi durmiéndote, pero tu madre manda que te reincorpores y te calzes (sí, hasta te habías quitado ya los zapatos...¡bendito sofá!). Lo haces de mala gana pero lo haces sin rechistar. Sigues viendo la película un rato, pero la televisión, al ser de pago, se apaga ya que no queda saldo y hay que recargarlo. Acompañas a tu madre a recargar la tarjeta en la que se ingresa el saldo y no tardais mucho. Al volver a la habitación, de camino, os fijáis en que os habéis vestido de forma muy similar: eso te agrada. Miras por un segundo vuestro reflejo en una de las ventanas y ves el parecido que compartís también en cuanto a físico, y caminas orgullosa junto a ella hasta llegar a la puerta.
Tras casi una hora la película ya ha acabado y vais a iros a casa todos menos tu madre, que se quedará toda la noche con tu tía. Has tomado un chocolate de una máquina del pasillo en esa casi hora, te encanta el dulces y aun más en estas épocas de frío y fiestas. Antes de despediros la enfermera y tu madre os indican que os dirijáis un momento al pasillo porque van a acostarla en la cama. Una vez fuera, te preguntas por qué no os han dejado quedaros dentro y deduces que el motivo es que sera un tanto desagradable. Piensas que no deberías estar ahí fuera esperando por mucho que den por hecho que debes estarlo, aunque sabes que no te sentirías muy cómoda en la situación que se está viviendo dentro. Piensas que en un futuro tu tendrás que ayudar en esa situación y necesitarás algo de experiencia, por eso crees que deberías estar al menos observando dentro de la habitación.
Tras despediros de tu tía ya acostada vais a tomar todos un café, tegusta que estéis todos juntos, pero solo de vez en cuando. Termináis de tomar algo y finalmente te despides de tu madre hasta mañana, a tu padre le verás después en casa.
Tras despediros de tu tía ya acostada vais a tomar todos un café, tegusta que estéis todos juntos, pero solo de vez en cuando. Termináis de tomar algo y finalmente te despides de tu madre hasta mañana, a tu padre le verás después en casa.
Ha sido un día extraño, pero no lo has pasado mal. No ha sido un mal comienzo de año.
Muchas gracias por pasarte Celia! Estoy intentando seguirte pero no me deja!
ResponderEliminarUn beso
Que raro que no te deje, miraré la configuración! :) Besos!
Eliminarwww.enunanubeazul.blogspot.com :)
ResponderEliminarTiene buena pinta! :)
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