Chocolate





Eres como una tableta de chocolate.
Aparentemente irrompible y deliciosa, pero delicada y frágil si se la añade calor, e incluso a veces amarga. Nadie quiere derretirse.

Miro la tableta y pienso en lo dulce y el bienestar que me puede causa tomar un pequeño trozo, pero sé que si como una fila de sus onzas querré otra y otra...y no habrá una parada.

Al tenerla delante puedo percibirla con muchos de mis sentidos. Al olerla su aroma azucarado me invade, y me provoca una sensación cómoda y agradable. Al tocarla noto sus formas y y textura, noto lo fácil que me resultaría romperla. Pero no quiero.

Mi sentido del gusto comienza a hacer su función: tengo hambre. Sí, voy a tomar tan solo un par de onzas. ¿Qué importa probar un poco? Rápidamente tras haberme desecho el envoltorio, su sabor invade mi boca. Es increíble lo bien que puede hacerte sentir algo tan insignificante para otros.

No puedes evitar comer otras tres onzas y terminar con la primera fila de la tableta. Pero hay límites. No vas a comer más porque no es bueno tratar de acabar rápidamente con todo el chocolate, por mucho que te guste probarlo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Todo el tiempo, poem

Confío.

Eurovisión 2014: Que la suerte esté siempre de nuestra parte.