Fumar sale caro.
¡Hola lectores!
Con 17 años recién cumplidos, el simple hecho de estar trabajando ya es una novedad y reto para mi, por muy sencilla que sea mi profesión de portera. A que me suponga un reto se le añade la concienciación que ello me implica, y el ser consciente por otro lado de darme cuenta de lo mucho que me queda por comprender todo lo que me rodea y a todas las personas que en mi día a día me acompañan. Por tanto,al cumplir años mi personalidad va dejando atrás aspectos inservibles para dar pasos a otros que me ayuden a ser mejor persona, una más responsable y consciente de sus responsabilidades.
Todos sabemos que el tabaco o cualquier sustancia que se pueda fumar es perjudicial para la salud, gracias a todas las charlas que nuestros colegios e institutos se han encargado de organizar, pero sin embargo en prácticamente todo grupo de amigos hay al menos un miembro que gasta gran parte de su dinero (y digo gran parte por no decir casi todo, ya que el precio de un paquete de 20 cigarros es de alrededor de 4 euros) en comprar tabaco, ya sea para hacer una cachimba (la cual es igual de perjudicial que los cigarros) o para fumar de la manera tradicional que todos conocemos. Sin embargo, la cantidad de personas que fuman se dispara, refiriéndome principalmente a mi alrededor. Aquellos que no tenemos el hábito debemos evitar que nuestros amigos y conocidos caigan en la tentación. ¿Pero qué ocurre cuándo no se tienen suficientes medios para ello? Por muchas charlas, advertencias y consejos que se den, la facilidad de conseguir estas sustancias hoy en día es considerable, es enorme.
Ayer me encontraba en la piscina mientras me paré a pensar en la cantidad de tiempo que ha transcurrido desde la última vez que escribí una entrada. Según comencé a pensar en ello, me di cuenta de que en mi trabajo veraniego tengo cantidad de horas en las que puedo reflexionar acerca de lo que me rodea y de las circunstancias que influyen tanto en mis actos como en los de mis personas más cercanas. Esto me llevó a pensar acerca de la cantidad de cambios que mis personas más cercanas y yo hemos sufrido y vamos a sufrir en los próximos meses. Sin embargo, el cambio que más me ha llamado la atención ha sido el de añadir nuevas costumbres a la hora de salir.
Con 17 años recién cumplidos, el simple hecho de estar trabajando ya es una novedad y reto para mi, por muy sencilla que sea mi profesión de portera. A que me suponga un reto se le añade la concienciación que ello me implica, y el ser consciente por otro lado de darme cuenta de lo mucho que me queda por comprender todo lo que me rodea y a todas las personas que en mi día a día me acompañan. Por tanto,al cumplir años mi personalidad va dejando atrás aspectos inservibles para dar pasos a otros que me ayuden a ser mejor persona, una más responsable y consciente de sus responsabilidades.
Asimismo, esto le ocurre a los demás jóvenes, a conocidos y amigos: todos cambiamos. El problema está en el cambio que cada uno escoge. En incontables ocasiones decidimos dejar atrás buenos aspectos de nosotros, lo cual es un error. ¿Y qué provoca estos cambios? En mi caso, lo que despierta en mí persona preocupación e inquietud hacia las personas de mi círculo de amistades son esos pequeños filamentos que desprenden humo que se cuela por innumerables bocas hasta llegar a gargantas y futuros pulmones negros, y esos "artefactos" con mangueras que sueltan "vapor de agua": los cigarrillos y las cachimbas.
Por tanto, mi inquietud nace al ver cómo esos pequeños y nuevos amigos de mis amigos se van incorporando poco a poco a su día a día, al igual que sus gargantas y bocas se van acostumbrando poco a poco a ese sabor que no es más que veneno. Así, doy paso al nacimiento de una impotencia que me invade cada día al no ser capaz de evitarlo, porque este cambio no es más que un error, y puede salir muy, muy caro tanto para sus bolsillos como para su salud.
Evitemos este error, con todos nuestros medios.
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