Esto es...

Los mejores momentos para escribir son en los que no sabes como canalizar distintas emociones. Estas emociones que en cantidad de ocasiones no se pueden expresar con palabras no son menos que los sentimientos menos deseables y a la vez los más profundos que puede sentir el ser humano, como es la rabia, la impotencia, la pena y la tristeza, mientras que el amor, en cantidad de ocasiones está sobrevalorado. Nadie sabe lo que es el amor. Ni los más enamorados saben qué es. Se puede sentir o creer que se siente, se puede tratar de hacer creer a la otra persona que se siente. Pero esto no es más que una menitira. Ni siquiera sabemos si realmente existe el amor, pues no encontramos definición exacta para describirlo. Como ya he dicho se puede sentir, pero...¿cómo se sabe que se trata de amor? ¿Cómo saber que no se trata de un simple capricho, de un simple impulso ocasional?

Nadie más que la persona que se siente conmocionada, o la persona que simplemente se siente decepcionada puede expresar de mejor manera lo que a otros les hará sufrir tarde o temprano. Creemos que el hecho de dar lo mejor de nosotros, nuestras mejores intenciones, es lo correcto. Pero no tenemos en cuenta que antes de querer a nadie, hay que saber quererse a uno mismo. Porque nadie nos conoce mejor que nosotros, porque en multitud de ocasiones se debe ser de cierto modo un tanto egoísta, y dejar en segundo plano los intereses ajenos y poner por delante la única cosa de la que verdaderamente se puede estar orgulloso, de la única cosa a la que se le debe ser realmente fiel: nuestros principios.

Si decides tomar la errónea decisión de faltar a tus principios, es señal de que hay algo de ti que debes mejorar, y algo de lo que te debes desprender. Debemos abandonar o, simplemente concienciarnos, de que nadie puede ganarse nuestro respeto y consideración por un simple juego de palabras ingenioso o por una brillante idea, debemos desprendernos de esas cosas que tan solo dificultan el camino del éxito, y no olvidar nunca que las únicas personas que realmente van a estar siempre ahí, son aquellas que tienen tu misma sangre, o que no la tienen pero también son consideradas como hermanos.

Como suele decirse, los amigos son la familia que se elige. Y es que, cuando no queda nada más, esas personas que se cuentan con el dedo de la mano son las únicas que realmente van a ayudarte, pase lo que pase, pese lo que pese.

Esto no significa una renuncia a querer sentirse vivo, y querido. Esto no es un intento de compasión, ni de hacer sentir culpable. Esto no es más que lo único que me acompaña ahora, porque la escritura es lo que me define como alguien y no como una simple chica a la que le queda mucho por aprender, ahora y siempre.

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