Amores imposibles.

...Y no hay amor más imposible que el de una sombra.

Sonreía. Era bonita, sencillita, buscaba setas y siluetas.
Me encontró, sabía que seguía sus pasos.
El soso paisaje de Cáceres era especial con ella en él.


No supe su nombre hasta esa noche estrellada, noche de Febrero.
Ella frena en seco, y susurra:“Soy Sara, ¿tú cómo te llamas?”
“Soy Saúl, soy tu sombra cada día, y quien vela por ti cada noche.”


Sí, era cierto, era su sombra.
Su espía, siempre tras ella.
Ser sombra no era fácil,
menos fácil era saber que nunca podría besarla.
Ser sombra suponía ser un ángel de la guarda, velar por Sara.


Dulce Sara, tan bella y honrada.
Enamoras sin saberlo a tu propia sombra y a las almas.


Su belleza no es visible para muchos,
Sara no es alta ni delgada.
No es niña bien, ni es niña alocada.

Sara es un ángel, un ángel sin alas



Gracias por vuestro tiempo.

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