Mírame.

Mírame y di lo que sientes.
Mírame fijamente, mirame de tal forma que me hunda en tus ojos,
 tu mirada, tu aliento y el descaro de querer comer tu pecho.

Mírame como si no hubiera mañana.
Y es cierto, no hay mañana si noche y día son contigo.
No  hay horas, minutos y segundos a tu lado, solo hay eternidad.
Eternidad en esos ojos, esos ojos que me atrapan en una red de color caramelo,
color almendra, color de amor eterno a tus palabras.

Mírame y grita.
Grita a estos fantasmas que me nublan, que me encierran.
Grítales que no, que no hay nada más puro y sincero
que el sentimiento nuestro, que sobrevive alrededor de los fracasos dentro del cenicero.

Mírame, agarra fuertemente como sabes mi pecho y,
ante todo no dejes que me caiga,
pues eres el pilar y cimiento,
eres la base que quita o mantiene mis lamentos.

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