Leona

Las gotas de la ducha no dudan en tocarla.
Le cubren el rostro, pensamientos,
piel y espalda.

El jabón frota sus piernas, manos,
abdomen.
Sus dedos y uñas frotan hasta las baldosas cuadradas.

El agua, caliente, busca acomodarse en cada rincón de su cuerpo.
El agua, encontrado su sitio,
no puede evitar quemarla.

Ella, cual leona, lucha.
Ella, peleona, lucha con sus mejores armas.
Lucha con pupilas,
con melena larga.

Una melena que si recoge parece corta,
qué si se suelta roza las curvas más bajas.

Unas pupilas que juegan y buscan.
Que juegan al escondite mirando y mirando,
hasta que el cazador furtivo les pille.

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