Te hablo, aunque calle

Palabras de quien decidió ser prudente.

El frío siempre vuelve,
al igual que el ajetreo y rutina,
al igual que un día a día feliz,
al igual que el vacío en otro.

No te hablo del invierno más profundo,
sino de la brisa fresca
cuando cojo el autobús temprano,
las gotas de lluvia
que calan al salir del metro,
a los pasos estremecidos
para no perderlo.

Te hablo de la vida con sabor,
a veces dulce como un beso,
otras amarga como un café
o las benditas cervezas.

Te hablo de un frío que de tanto frotar, quema.
Te hablo de un frío que enrojece la piel,
pero a su vez serena.

Te hablo de noches sin dormir,
pues mis pupilas quieren
seguir mirando a quien las acompaña,
y nuestro nudo de cuerpos
sigue vibrante, enérgico,
sudoroso y hambriento.

Te hablo de sonrisas provocadas
con gestos,
de gestos traducidos
en conversación
sin rumbo y sin importar el tiempo.

Te hablo
de mañanas y duchas con temblor
y café descafeinado (de sobre, por favor).

Te hablo y ofrezco
vida con preocupaciones,
pero ante todo vida.

Esta vida, la que me toca y la que tengo,
esta rutina que me empapa de sudor,
de lágrimas, alegría, esfuerzo, trabajo, satisfacción y sufrimiento,
es la que miran mis ojos marrones
con plenitud y ganas.

Y ojalá quieras compartir
esos cafés, cervezas
y minutos robados al reloj
con todas estas cosas,
conmigo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Todo el tiempo, poem

Confío.

Eurovisión 2014: Que la suerte esté siempre de nuestra parte.