Antes de vernos

Los libros me han enseñado
que todo luce fulgurante en
noches como esta.

Madrid portará nervios prematuros,
atardeceres pálidos y faldas de flores.

Si todo sigue su curso natural
unas manos temblorosas jugarán
con la curiosidad de lo nuevo y
"la magia de la incertidumbre",
que siempre vuelve.

Serán los pies quienes marquen el ritmo
de una velada singular,
pase lo que pase y lo que pese.

Las verdades serán palpables,
los ojos dudarán a la par que
evitarán preguntas sin respuesta
todavía.

En una ruta sin nombre,
dos mocosos actuarán sin público:
las pedanías de pedantes,
los pasos previos y los de peatones
serán escenario de la primera y,
quizás, última escena.

En la montaña todo son picos,
piedras, madera y gusanos.
En la montaña nacemos para, después,
encontrarnos.

Me pregunté cuántos "te quiero"necesitaría para odiarte,
y en ese momento entendí que
solamente dos personas tan semejantes
podrían aborrecerse tanto
sin tener noción alguna del otro.
Buenos días,
Héctor.

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