Con...
Con bolígrafo en mano
y un poco de experiencia (no mucha)
ve como la sopa se queda fría
mientras sus manos se calientan.
Con la cabeza fría y los pies calientes,
sabe que no necesita dos o tres,
o veinte veces,
para saber que los días son iguales y que nada turba el ambiente.
Con la certeza llamando a la puerta,
aunque esté entreabierta,
es paciente pero no escultura,
entiende pero no se queda inmóvil,
ni quieta.
Con nariz rosada y pómulos alzados,
no le preocupa ni el futuro ni el ayer,
ni el mañana ni el pasado.
Se limita a sentir,
con mesura.
Se limita a no sufrir,
y no abandonar su dulzura.
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