Manos.
Primero un tacto cálido,
eran suaves.
No se conocían de nada,
y probablemente no volverían a tocarse.
Escena de ojos poco abiertos,
y humo en las pestañas.
Sin saberlo,
olían a inseguridad, misterio,garras.
Y después el tacto fue áspero,
pero no frío.
Una piel áspera
que solo busca dar calor,
una piel que vive
rodeada de silencio y prudencia,
y tal vez olvido.
Y tu tacto no entiende ni sabe,
se limita a deslizarse por las horas,
a reír, callar, y encontrarse.
Comentarios
Publicar un comentario