Un folio en blanco.

Dame un folio en blanco.
Lo llenaré de todo lo que tengo:
nada.

Lo miraré con descontento,
hasta que las líneas se formen.
Estas nunca surgen solas, recuérdalo.

Trazaré en él cientos de vicios, tormentos,
de ideas claras aunque nunca lo son.

Lo rompería si fuese necesario.
¡Siempre tan blanco!
¡Siempre tan recto!

Ojalá pueda calmar un interior como este,
tan vacío.
Es irónico: sentir que no hay nada, y mostrarse lleno.

¿Miedo?
Miedo.

Angustia, rabia, impotencia, enfado.
Un problema que necesita ser contado.

Qué sencillo plasmarlo en papel,
y cuántos duelos supone pronunciarlo.

Las palabras mudas son las que me hacen sentir plena.
Están conmigo.

Bailan, ríen, juegan.
Aparecen, surgen, se dibujan.
Sonríen a mi boca,
mientras depositan sus maletas
en el cuarto.

No busco poesía que nadie entienda.
No pretendo ser inaccesible.
No quiero adornar los versos
y rechazo sutilezas.

Mi poesía, mía.
Una figura con angustia, vanidad y agonía
observa su reflejo en el agua.
Es parte del proceso.

Mi poesía, mía.
Con la que me ahorco
y a pesar de todo sobrevivo.
"Sobretodo",
con la que me arropo.

Tras ello cierro los ojos y debajo de la sábana respiro.

Poesía.
Gracias por ser mi cuna,
mecerme y salvarme.

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