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Valientes con miedo

Sentir da miedo porque nos hace valientes, pero también nos hace daño. Quitarse las corazas tiene el beneficio de ver más claro para contar con más enfoques. Deshacerse de la inseguridad nos permite ir sin cinturón, pero conlleva la duda. Sentirse supone mirarse dentro y saber que puede atravesarnos la flecha de cupido o la del odio. Y ser valiente no es sinónimo de mucho orgullo, sino acariciar una barbilla y, con certeza, besar en los labios.

Sin heridas

Te pienso, te espero, te quiero, lo siento. No elegimos de quién nos enamoramos, pero nosotros, aquél día, elegimos no hacernos daño. Me miras, lo noto. Te miro, y tiemblo. Trato de ocultar lo que me pasa, pero sé que los silencios dicen más  que mis palabras. Tus ojos, los míos. un nudo, los nervios. Cuando percibo las sensaciones de mi cuerpo, descubro una vez más  que todo lo que vivimos es cierto.  Semanas, confesiones, llamadas, sexo. Palpito a tu ritmo porque ahora es el mío. Te veo en mis poemas y te siento en cada letra. Te extraño y te deseo a partes iguales, porque ya no tengo miedo y solo quiero  disfrutarte.  La fuerza, mis ganas e ilusión han vuelto. Y puede que el amor también, lo iremos descubriendo. Por ahora, me quedo con tu boca y espalda, tu sonrisa y tu pelo.

Soy de esos

De una generación millenial pero no mileurista . De los que no se encuentran pero viven más cómodos que sus padres, de la generación perdida que, si hablamos de oportunidades, es la que más cosas encuentra. Algunos también son de los que se miran y besan a ratos sin atarse ni juzgar  y sobretodo siendo libres. Soy de esos que disfrutan la cerveza la compañía, el calor, el sol, el asfalto de Madrid. Soy de los que no saben que será de ellos ni conocen su futuro. De los que decepcionaron  a sus padres por no opositar,  de los que viajaron a través de bares  y probaron cada copa. Así como soy de esa promoción 2015-19... De los que debido a esa rutina de aulas y horas muertas y algún vicio vivieron lo más parecido a una utopía. También de los que conocieron cada palmo de bibliotecas,  de los llorones y víctimas de un estrés infundado pero intenso. Soy de los que aprendieron a no juzgar  porque no sirve de nada.  ...

A pesar de todo

No se piensa, muchas veces ni se sabe. Y sin embargo hoy se siente, se mira y analiza. Uno se hace consciente  al mirar sus pasos de que muchos (casi todos) van y vienen, y quienes eran hermanos ahora como mucho son extraños. Y ahora es el momento, es ahora cuando uno ve quien ha perpetuado. Quien, por muchos fallos, ha decidido perdonar, y quizás incluso olvida. Tú, amiga. Amiga de siempre, amiga de vivencias, llantos, muertes. Tú, que has decidido quedarte y dejar atrás lo más parecido al odio. Tú, que me has perdonado, sin ser yo consciente de mucho y a veces ignorándolo. Sigues aquí... a pesar de mí, a pesar de todo. Y es por eso que hoy te digo gracias, te digo lo siento, y te regalo mis versos.

Antes de vernos

Los libros me han enseñado que todo luce fulgurante en noches como esta. Madrid portará nervios prematuros, atardeceres pálidos y faldas de flores. Si todo sigue su curso natural unas manos temblorosas jugarán con la curiosidad de lo nuevo y "la magia de la incertidumbre", que siempre vuelve. Serán los pies quienes marquen el ritmo de una velada singular, pase lo que pase y lo que pese. Las verdades serán palpables, los ojos dudarán a la par que evitarán preguntas sin respuesta todavía. En una ruta sin nombre, dos mocosos actuarán sin público: las pedanías de pedantes, los pasos previos y los de peatones serán escenario de la primera y, quizás, última escena. En la montaña todo son picos, piedras, madera y gusanos. En la montaña nacemos para, después, encontrarnos. Me pregunté cuántos "te quiero"necesitaría para odiarte, y en ese momento entendí que solamente dos personas tan semejantes podrían aborrecerse tanto sin tene...

A veces, a vivir

Algunas veces a voces y muchas otras a vivir. Cuando menos esperas la lección se deposita en las manos y toca aprender a aprender. Callar cuando nunca callas, hablar cuando el silencio invade. Mirar pero con gafas y, sin saberlo, con ganas. Escuchar como base y como rima, una tonta y simplemente asonante en besos y labios con sed. Sorprenderse como un niño, y con otra rima mirar de frente a los gigantes. El maestro de esta ceremonia, así como el alumno, tienen mucho que ver y aprender.

Nimio

Quie n tuvo prisa adoptó la pausa, dijo "espera", y dice "mira". Quien antes paseaba por caminos, cae y tropieza constantemente. Se volvió roca de tanto golpe, paño de tanta lágrima, quizás serio por las circunstancias, quizás nimio y objetivo, e insulso y sin consuelo. Alguna vez alguien quiso conservar la inocencia de la que dispuso. P ero no supo encontrar el cómo. Desde entonces, desconocía si volverían a cruzarse o si, a partir de ahora, su existencia sería eso; Silencio, otoño, despedidas y escasez (de pa labras).

Pasajeros

Todos juntos uno a uno sentados van a casa. Lloran, ríen, callan, cantan. Todos ellos uno a uno sentados en el autobús. Clases medias cada día van y vienen para ganarse el pan, las ganas, el vivir y el vino. Junto a ellos, ella busca y entre llanto y llanto, vida y vida, trenza y tren. La noche se vuelve día, quien la frecuenta palidece, no duerme y mira, piensa. Llega al origen y mientras las horas van y vienen, huyen. Por prisa, por miedo, por ambición, aquel día de puro llanto y cansancio se vislumbró la posibilidad más auténtica, audaz y única. Ante ella la ilusión, las ganas, sonrisa y esperanza. Estas se abrieron paso entre pasajeros y, a pesar de seguir con el cinturón puesto, ya nada podía retener las ganas de correr, volar, perderse. Perderse para, de algún modo, encontrarse.

Esto no es una historia

Palabras de quien sufrió una derrota sin lucha, ni batalla, ni combate . Apenas pronunciaba palabra, sus ojos hablaban por los dos. No hubo muestras de cariño, pero hubo besos sabor menta. Sinceridad y calma, ambas fueron suficiente para caer en la certeza de que no buscaba grandes logros, con eso bastaba. La normalidad, la inteligencia, las pausas. A veces no gana quien más dice. A veces, quien ofrece silencios es quien inspira las palabras. Quien calle y dedique tiempo, a no pensar y a estos versos recordará al muchacho que, sin nada, consiguió hacer vibrar las manos, la lengua, los ojos o el vientre, y las ganas. Lo huraño resultó ser reconfortante y se depositó en dos conocidos que, por la brevedad y la desgana (de uno) jamás dejaron de ser extraños. Y así, una vez más, hubo derrota pero no combate, ni víctimas. Una pérdida de algo nimio, sin preguntas y sin lágrimas. Esto no...

Independiente

No supo cómo, nunca lo sabía. Sabía cuál quería que fuese el destino siempre soñado, en toda ocasión defendido. Sin embargo no sabía cómo alcanzarlo, tampoco no si era correcto. No se palpaba y seguía lejos... sin tocarlo. Luchaba por una independencia huraña, incomprensible, tranquila y apabullante. Su mayor deseo el salir de la madriguera y no sentir las ataduras. ¿Lo conseguiría? ¿Estaría desaprovechando el tiempo? ¿Acaso el esfuerzo merecería la pena? Esperaba que todo siguiese su curso con o sin acompañante o compañero, pero siempre con los que compartir el llanto, la risa, la calma, el éxito... Y el olvido.