Con...
Con bolígrafo en mano y un poco de experiencia (no mucha) ve como la sopa se queda fría mientras sus manos se calientan. Con la cabeza fría y los pies calientes, sabe que no necesita dos o tres, o veinte veces, para saber que los días son iguales y que nada turba el ambiente. Con la certeza llamando a la puerta, aunque esté entreabierta, es paciente pero no escultura, entiende pero no se queda inmóvil, ni quieta. Con nariz rosada y pómulos alzados, no le preocupa ni el futuro ni el ayer, ni el mañana ni el pasado. Se limita a sentir, con mesura. Se limita a no sufrir, y no abandonar su dulzura.