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Mostrando entradas de mayo, 2017

Con...

Con bolígrafo en mano y un poco de experiencia (no mucha) ve como la sopa se queda fría mientras sus manos se calientan. Con la cabeza fría y los pies calientes, sabe que no necesita dos o tres, o veinte veces, para saber que los días son iguales y que nada turba el ambiente. Con la certeza llamando a la puerta, aunque esté entreabierta, es paciente pero no escultura, entiende pero no se queda inmóvil, ni quieta. Con nariz rosada y pómulos alzados, no le preocupa ni el futuro ni el ayer, ni el mañana ni el pasado. Se limita a sentir, con mesura. Se limita a no sufrir, y no abandonar su dulzura.

Volvemos a encontrarnos

El rechazo a los domingos no es en vano. Es un rechazo amargo y agridulce, pero muchas veces también es sano. El quizás corona este día así como las caras lloronas. Hace mucho que no venían. No hay mejor sensación que la de encontrarse, de nuevo. Sirve de escudo, yelmo y espada, pero sobretodo de consuelo. Volvemos a chocarnos, querida. Volvemos a mirarnos como antes, aunque tengas más heridas. Uno se abandona muchas veces, pero sabe volver a casa. Uno sabe cómo son y eran sus pasos, y es por ello que volvemos a encontrarnos.

Sentimientos

Los sentimientos en ocasiones no juegan a favor del que apuesta, no juegan a favor ni siquiera de quien gana. Lo sentimientos,  en ocasiones, son tormentos. Son lo más puro y sincero del humano, las emociones que se despiertan y canalizan los ojos, las manos. Son, también, lo más difícil de encontrar en los tiempos venideros. Todos sentimos, ¿ pero cómo lo hacemos? La frialdad está justificada si eres un cigarro que deposita sus cenizas en cada agujero, cenicero. La frialdad es norma para todos y se nos han olvidado los besos. La frialdad es rutina, ley, parte del proceso. Pero un sol cálido no va a rendirse, este sol no va a caerse.

Un juego

Es un juego, uno de tiras y aflojas. Un juego de niños y adultos, de baldosas amarillas, de piel escamosa, de caminos sin hojas. Es un juego en el que cada contrincante quiere su recompensa, sus maneras, su ofrenda. Nadie gana ni pierde, y por eso es, quizás  divertido y sorprendente. Y este juego comenzó a tiempo pues aún no había llovido. Y este juego no es peligroso, pues nadie resulta herido.

Cada mañana

Todos los días se repite la misma frase, y todos los días la misma se va, la misma se cae. Un reto nuevo cada mañana. Un nuevo enfrentamiento del que cada mañana se recompone, y cada noche sabe que en ese día ya no habita la paz. Solo lucha y frustración, quizás . Solo poca calma. Y lo mismo cada noche al acostarse, pero con otros asuntos, con la cabeza en otra parte y, probablemente , en otros mundos. Como la noria que gira y gira, buscando otro camino sin tener salida. Como la pasta que forman el azúcar y el huevo en la harina. Una masa sin forma que se bate y bate, hasta que tras muchas vueltas se calcina. Cada mañana ganas sabiendo que cada noche habrás perdido. Cada mañana paso firme , que al instante ya es olvido.

El camino

Hoy el viento arropa tus manos, tu espalda. Hoy el viento sabe, huele, te invade. Las piedras del camino una vez quitadas, resultan no ser puntiagudas, sino redondeadas. Y dicho camino no es recto, dicho camino es curvo. No tiene señales ni carteles, no hay senda exacta, no hay rumbo. El camino se va dejando entrever entre las ramas, aparece cuando las hojas del trébol ya no están, cuando el bosque ardió en llamas. Las huellas no las creas tú, se crean solas pues son avispadas. Es un camino con cierto encanto, que al cambiar de destino te hace sonreír aunque vayas dando tumbos y los pasos no sean exactos.

Mirar sin ver

Mentalmente cansada. El dormir no ayuda, no hace nada. La cabeza no descansa, siempre arriba, no se acuesta, y no madruga. Mentalmente cansada. Da igual las vueltas en la cama, da igual la textura de la almohada. Cansada. Agotada. Mil emociones han surcado tu mar con sus velas, mil veces te has repetido que no quieres el vacío cerca. Mentalmente cansada de estar, pero no ser. Mentalmente cansada de que los pensamientos salgan despedidos y echen a correr. Mentalmente cansada de un grito sordo, silencioso, que quiere salir pero no sabe cómo ni cuándo alzar la espada. Frustrada, por sólo saber lo que no sé, por solo mirar, pero hacerlo sin ver.

Mariposa

Como una mariposa. Se prepara y prepara, para ser bella durante un día, para mostrarse firme siento tan sumamente delicada. Como su aleteo en la flor, como el néctar en sus patas. ¿Cuánto durará el vuelo? ¿Cuánto precio costará el duelo? Sobrevivir, feliz con cada pétalo que toca, sin darse cuenta de que el más suave de ellos  es como mucho una roca. Vuela, mariposa. Vuela las horas que te quedan, sin pensar en que tu vida y tu gracia son efímeras, sensibles, cortas. Pero no dejes de volar, por favor, no lo hagas. Algún día dejarás de ser mariposa, algún día, tal vez, vuelvas a ser ese alma que nace, esa larva sin marcas, sin dolor, sin náuseas, sin huellas, sin nada más que tú, y tus cosas.

Quizás los versos

La paciencia solo llega evitando los puntos y a parte. Entendiendo que las cosas no son lo que uno quiere, entendiendo al otro, a quien se tiene en frente. Así, quizás, das paso a una superación de ti mismo, das paso a superar intermitencias que crean cataclismos. Letra a letra se escriben las palabras, cuerpo a cuerpo se escriben los hechos, los indicios, los momentos. Y no siempre es necesario hablar para decir lo que se tiene en mente. Y no siempre es necesario buscar palabras donde es probable que no se encuentren. Y a veces es el silencio quien más dice. No el silencio que por el simple hecho de callar, otorga. Sino aquel que se viste de gestos y pisadas cortas. Quizás el callar sea necesario cuando nadie sabe el por qué del arte. Quizás los versos sean esta vez quienes hablen.

Son...

Hechos añicos los pedazos, se reconstruyen solos poco a poco, paso a paso. Son trozos que no forman un puzzle, forman un mosaico de huellas, quemaduras, cicatrices. Son los restos y ceniza de quien estuvo y quien dijo que estaría, son las promesas y los daños reparados, las decepciones olvidadas y hechas trizas. Son los pétalos de esa flor marchita, la que dijo que aquel hombre no te quería. Son los dedos de un pie, los dedos de una mano. Son las escamas de la piel de la serpiente, pequeños rombos cuadriculados iguales y a su vez tan diferentes. Son las motas de polvo sobre la armadura, haciendo que esta pierda color y parezca oscura, pero en la cual no hay sino mil temblores que incitan a recuperar la hermosura.

Leona

Las gotas de la ducha no dudan en tocarla. Le cubren el rostro, pensamientos, piel y espalda. El jabón frota sus piernas, manos, abdomen. Sus dedos y uñas frotan hasta las baldosas cuadradas. El agua, caliente, busca acomodarse en cada rincón de su cuerpo. El agua, encontrado su sitio, no puede evitar quemarla. Ella, cual leona, lucha. Ella, peleona, lucha con sus mejores armas. Lucha con pupilas, con melena larga. Una melena que si recoge parece corta, qué si se suelta roza las curvas más bajas. Unas pupilas que juegan y buscan. Que juegan al escondite mirando y mirando, hasta que el cazador furtivo les pille.

Trébol

Sus hojas no son cuatro, son tres filamentos que se entrelazan, que sobreviven al viento y a las suelas de zapato. Un trébol de tres hojas, que llama a la suerte para tirar sus dados, pues cree en el azar y lo accidentado. Es un trébol que mira sin ojos, pero que con pupilas se ha guiado. Y este trébol tiene sueño, expectación, temblores de frío en las ganas. Y este trébol tiene ante sí un cielo que las nubes han cerrado, pero también una ventana a la que asomarse y subir al tejado. Y, así, comprobar que no todo el manto es gris, que hay grietas en la tela que dejan ver un pequeño claro.

Has...

Has tenido sueño, sueños. Sueños que inundan la cabeza, de esos que, con certeza, sabes que no te dejan dormir. Has sentido un millar de sensaciones, de simples saludos e impresiones, a dulces caramelos en la boca. Has sentido un millar de sensaciones, de invierno a un verano inhumano, de primavera al frío con dar la vuelta. Has surcado todas las estaciones. Has notado el nudo en la garganta, y en la boca de tu estómago. Has sentido un fuerte vacío, has sentido una pompa, una burbuja, un globo inflado que se rellena sin tener ni ser nada, que sólo tiene aire y una película de plástico en un punto atada. Pero a veces simplemente eso es lo que se necesita: aire. Aire puro y fresco de tiempos que llegan, de los venideros.

Después no, el día siguiente.

El después se tornaba confuso, errado, en todo equivocado. No hay un después en esta historia, hay un final que ya no es amargo, es un final definitivo. Un final que empieza a tornarse en recuerdos, a sonar lejano. El tiempo, los momentos, todo pasa. Hasta la tormenta más estruendosa en el cielo abre un claro, hasta el huracán más mortífero tiene un centro donde  todo está en calma. Donde todo calla y no suena, donde el silencio llega en el cielo que parece apagado. En el Después no encuentras el final. pues este se encuentra en el día siguiente. El día en el que todo no cambia, pero sí tu estado de ánimo. Es el día siguiente en el que te haces consciente. Pues ya sabes que nada será como antes, pues ya sabes que eso es lo que necesitas, que eso es lo importante.

Después

Después de tanto y tanto, después del llanto, llega la calidez disfrazada de poesía. Llegas a mis manos, yo a tus pies, llegas para quedarte, para sentir del revés. Después de tanto, nunca una lágrima de alegría, nunca se cruzaron las avenidas, nunca se reunieron nuestras miradas, nunca se perdió el encanto. Y después de tanto, el folio aparece nítido, claro, peculiar, y blanco. No es volver a las andadas. Es un camino que continuamos, revisando las pisadas.

Durante

Empiezas a pensar en no pensar. Empiezas a desvariar, a sufrir, a callar. El miedo, las manías, las costumbres, los enfados, la creciente suma de restas, los tonos grises y sabores amargos  invaden los días. Las cartas comienzan a ponerse sobre la mesa. La baraja ordenada se torna firme, no quiere hacer promesas. Incendios que comienzan con pequeñas llamas, incendios que provocan dolor, soledades de agua que apagan el alma.

En prosa por un día

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¡Hola lectores! Mis entradas vienen cargadas de versos y rimas desde hace ya unos meses.  Y es que en ellos encuentro una paz y tranquilidad que creía extinguidas, un paz que una cabeza co mo la mía necesita más de lo que cree y mucho más de lo que piensa. No sé si esta es una de las últimas veces que escribiré una entrada en prosa, cada día la escritura me sorprende más, y cada día me doy cuenta de que lo que cultivo me gusta, me llena y me apasiona. Nunca quise escribir poesía, pues la poesía me parecía aburrida y de poca densidad, algo con lo que expresarse con pocas palabras para mí nunca había sido suficiente. Y sin embargo ahora, unos meses después, no paran de surgir poemas en mi cabeza, no paran los dedos de moverse en el teclado. No publico todo lo que escribo al instante, pero ello no significa que no vaya hacerlo. Significa que quiero encontrar los momentos adecuados, no precipitarme e ir paso a paso. Sé que estas palabras, quizás debido a mi amiga Poesía, s...